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21 de junio de 2013

La Batalla

Observaba caer a los demás a su alrededor, sentía la muerte impregnada en sus cuerpos, en el aire y en sus esperanzas. Y él seguía vivo, aunque no para contarlo, tan sólo para atrasar su último aliento unos instantes más. Pero no le importaba, hacía ya tiempo que nada tenía sentido. Había llegado hasta allí en busca de paz y gloria, y justo cuando la vida se le escapaba sin que pudiera hacer nada para evitarlo, descubrió que la gloria era una quimera, una falsa promesa que se disolvía tan rápido como sus sueños caían rotos en mil pedazos.

Y allí estaba, arrodillado ante el campo de batalla, esforzándose ya no en sobrevivir, sino en decidir si realmente merecía la pena intentarlo. Si valía la pena derramar una sola lágrima más por una vida llena de mentiras, de falsas esperanzas y de sentimientos de culpabilidad. No había verdad en las promesas, ni recompensa en las batallas.

Quizás esa anhelada gloria llegara justo al final, cuando se hace el silencio y todo se muestra más claro que nunca. Quizás desprenderse de ese pasado de ilusiones infundadas y sentirse liberado para afrontar el final fuera su verdadero objetivo. Tal vez después de todo estaba a un paso de alcanzar su sueño, de concluir un cuento de héroes de papel, víctimas de la verdad y prisioneros de sus propios deseos. Protagonistas de una historia nunca escrita, una triste historia que sin embargo terminaba allí, consumida por la caída de una de tantas almas sin destino.

1 de abril de 2012

Deep Hole

La oscuridad lo envolvía todo. Su existencia se dilataba en el tiempo, cada segundo caía sobre él como una molesta gota de agua repiqueteando en su cabeza. Esa frustrante sensación de recordarlo todo excepto cómo había llegado hasta allí. Soledad. Miedo. Una confusión que nunca antes había sentido. Estaba en un agujero, en principio, sin salida. De pronto un destello le hizo reaccionar. Alzó la cabeza y descubrió un resquicio de luz muy arriba, a una altura inalcanzable, que apenas lograba iluminar lo más hondo del pozo.

Una salida. Una esperanza. Aferrándose a eso, logró moverse y analizar el lugar palpando las paredes: era una superficie totalmente lisa, pero advirtió la presencia de unos peldaños de metal: había una escalera. Con ánimos renovados, se incorporó y comenzó a ascender. Sin embargo, cuando veía la luz más cerca que nunca, cuando su objetivo estaba a unos pocos escalones, sus brazos le flaquearon y cayó de nuevo al vacío.

Cuando volvió a despertar, la luz parecía estar aún más lejana que antes. De una forma que no podía explicar, había caído más hondo. No obstante, no desistió en su empeño. Si había una salida, él podía y debía alcanzarla. Pero todos sus intentos fueron en vano. No tenía fuerzas suficientes para salir de allí. Y cada vez la luz estaba más lejos, pronto sería una diminuta estrella en esa noche claustrofóbica.

No podía distinguir si ese pozo era real o estaba únicamente en su mente, sólo sabía que enseguida todo se sumiría en la oscuridad. Pero hasta entonces, hasta que la luz dejara de brillar, había esperanza.