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10 de junio de 2012

Derechos

Tienes derecho a ser tú. O a ser quien quieras. Tienes derecho a vivir, a volar sin alas. A llorar, a secar tus lágrimas, a sentirte alguien, a dar el primer paso y el último, a no desfallecer, a mirar siempre al frente. Tienes derecho a tener un camino, derecho a seguirlo y derecho a terminarlo. Derecho a decidir. Derecho a caer y a levantarte. A tener un nuevo despertar, un nuevo día y una nueva noche. Derecho a cantar, a no parar de hablar y a protestar. A no dejar de sonreír, a hacer reír a los demás. A escuchar y a ser escuchado. Tienes derecho a apoyarte en alguien, a ser querido. A querer y a odiar. Derecho a recordar, a echar de menos. Derecho a olvidar. Derecho a cerrar los ojos y pensar, a no poner límites a tu imaginación, a tus sueños. Tienes derecho a cumplirlos. Derecho a ser un niño cuando lo necesites. A creer en algo, a creer en ti. A saber quién eres. A ser libre, a comerte el mundo. Derecho a entender, a tener respuestas. A que el tiempo se pare. A que pase más deprisa. Derecho a que tus heridas cicatricen. Tienes derecho a sentir la lluvia caer sobre ti. Derecho a ver amanecer. Tienes derecho a ser feliz.

Y tienes el derecho a todo esto sólo por ser quien eres. Más que el derecho, la obligación.

12 de mayo de 2012

Where do we go now?

Te lo preguntaré de nuevo: ¿a dónde vamos ahora? Puedes unirte al viento, ascender hasta el cielo y observar tu mundo, pequeño e insignificante desde ahí arriba. Y tú enorme, imparable. Nada ni nadie se interpondrá en tu camino. Serás libre. Libre incluso para caer.

O puedes seguir al Sol; cuando el atardecer de los valientes lo oculte, nada importará ya. Tú no serás nada, para nadie. La dulce lluvia caerá sobre tu rostro, y ya nunca podrás distinguir qué lágrimas son verdaderas. Y perdido, te encontrarás a ti mismo, solo, rodeado de un dolor incomprendido.

¿Y a dónde vamos ahora? A donde tú quieras.


And pray for the thunder,
and the rain
to quietly pass me by…

8 de mayo de 2012

Hálitos en la Noche

Susurrantes los árboles, cegados por la belleza de la luna; cascadas de luz tiñendo de blanco las oscuras aguas. Hálitos en la noche, deseosos de unirse al feroz viento en su camino hacia la libertad.

Hálitos que trataban de insuflar vida a esa alma que, extrañada, se observaba a sí misma. Aún arropada, pero desnuda en su interior, vulnerable a las vivencias no vividas, los sueños jamás soñados y los deseos más odiados.

Víctima de su imaginación, viviendo una ficción mucho más real de lo que su mente podía soportar. Permitió a sus sueños volar y el caprichoso viento los separó de ella, desterrándola a su interior más profundo, anhelando ahora más que nunca lo que jamás apreció.

Los cauces de su frustración desembocaron en una lágrima que cayó y distorsionó su reflejo en el agua. Curiosa, observó su nueva figura, concibiéndola más real que ninguna otra. Y de pronto, lo comprendió. Comprendió que a veces, la ficción es la que supera a la realidad, que los sueños pertenecen a quien los hace realidad, y que las ilusiones rotas fueron sueños efímeros, pero sueños cumplidos al fin y al cabo.

Por primera vez, pudo unirse al viento en su largo camino, y alejarse de aquel estanque formado por miles de lágrimas naufragadas. Ahora, sólo ella era responsable de sus suspiros.